domingo, 5 de abril de 2015

La princesa Catalina Dáshkova, primer Presidente de la Academia Rusa de Ciencias



Catalina Románovna Vorontsova, princesa Dáshkova (Екатери́на Рома́новна Воронцо́ва-Да́шкова), conocida generalmente como Catalina Dáshkova, nació en San Petersburgo el 17 de marzo de 1743 en el seno de una familia de la vieja nobleza rusa. Su padre amasó una inmensa fortuna y era notoria su arrogancia durante el reinado de Pedro el Grande. Su madre falleció cuando Catalina Dáshkova tenía dos años y su educación fue encomendada a su tío Mijáil Vorontsov.

A sus 15 años Catalina se enamoró del Príncipe Dashkov, y del matrimonio nacieron un hijo y una hija.  Enviudó a lo 20 años.

Catalina recibió una educación esmeradísima como pocas jóvenes europeas habrían podido recibir en el siglo XVIII. Estudió Matemáticas en la Universidad de Moscú. Aprendió francés, ruso, alemán e italiano. Leía con placer a Voltaire, Montesquieu, Bayle, Boileau y Helvétius.

En 1758 Catalina Dáshkova conoció a la futura Catalina la Grande, quien la valoró por sus conocimientos y prestigio en la alta sociedad rusa, incorporándola a la Corte, donde se posicionó en el bando que conspiraba contra Pedro III, a pesar de que éste ocasionalmente se llevaba a su lecho a la hermana menor de Catalina Dáshkova. Ello no fue óbice para que en 1762 ésta participase activamente en el golpe de Estado que destronó al zar Pedro III  y que llevó al trono a su esposa Catalina. En agradecimiento, la Dáshkova fue condecorada con la Orden de Santa Catalina, pero, a partir de ese momento, los lazos de amistad entre las dos Catalinas se fueron aflojando.

Catalina Dáshkova tuvo que retirarse al campo con sus dos hijos, donde pasó cinco años viviendo una vida espartana. En busca de la mejor educación para sus hijos emprendió con ellos un viaje por la Europa de la Ilustración. Gracias a su reputación literaria y científica fue bien recibida en las Cortes europeas. Se reunió en Ginebra con su ídolo Voltaire y en París con Diderot y Benjamín Franklin quien la invitó a ser el primer miembro femenino de la Philosophical Society. Catalina Dáshkova correspondió más tarde a esa distinción nombrando a B. Franklin el primer estadounidense miembro de la Academia Rusa de Ciencias.



En 1782 Catalina Dáshkova regresó a Rusia ganando de nuevo el favor de la emperatriz, quien la nombró Directora de la Academia de Artes  y Ciencias de San Petersburgo. Dos años más tarde Catalina Dáshkova se convirtió en la primer mujer Presidente de la Academia Rusa de Ciencias, fundada a sugerencia de la propia Dáshkova, desde donde fue la principal responsable de la publicación del primer gran diccionario y gramática en lengua rusa en sólo seis años, además de impulsora de la reforma educativa. A lo largo de los 12 años de su presidencia Catalina Dáshkova mandó construir un nuevo edificio para la Academia, restauró su imprenta y relanzó las expediciones científicas. Favoreció la publicación de los trabajos académicos del gran científico Mijáil Lomonosov y ella misma es autora de al menos una obra dramática, 'Las bodas de Fabián', y una comedia titulada 'Toisiokov' (1786). Escribió sus memorias y versos en ruso y en francés.

Catalina la Grande, inquieta por los aires republicanos procedentes de Francia, sospechó de la Dáshkova, al publicar la Academia una obra en la que se elogiaban las libertades republicanas. Catalina Dáshkova presentó su dimisión como Presidente de la Academia Rusa de Ciencias en 1794.

Dos años más tarde, falleció Catalina II la Grande, y al ascender al trono su hijo Pablo I desterró a un pueblecito cerca de Nóvgorod a la Dáshkova y a todos aquellos que formaban parte del bando que consiguió destronar y matar a su padre Pedro III. Catalina Dáshnova no pudo regresar a Moscú hasta el 1801, con la subida al trono de Alejandro I. La princesa Dáshkova se retiró a una propiedad de su antiguo marido donde se dedicó a escribir sus memorias, 'Mon histoire', hasta el fin de sus días el 4 de enero de 1810.

Catalina Dáshkova fue conspiradora, política, filóloga, lingüista y escritora. Sus memorias permanecen todavía en catálogo por su agudeza en la narración de la vida y el tiempo de Catalina la Grande.

La escritora anglo-irlandesa Catherine Wilmot con quien que se encontró en Inglaterra en lo años 1776 y 1780, describía así a la Princesa Dáshkova:

"Ayuda a los albañiles a construir paredes, a los peones camineros en las carreteras,  da de comer a las vacas, compone música, canta e interpreta, escribe para la prensa, recoge maíz, habla en la iglesia, corrige al sacerdote. Ejerce de médico, boticario, veterinario, carpintero, juez, abogado. Mantiene correspondencia con autores, con filósofos, con poetas, con toda su familia, y además parece que le sobra tiempo".


MAG/06.04.2015

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