jueves, 4 de junio de 2015

Aleksandr Fiódorovich Kérenski, el socialista revolucionario enemigo del zar y de los bolcheviques



Aleksandr Fiódorovich Kérenski (Алекса́ндр Фёдорович Ке́ренский), hijo de un director de instituto y nieto de un pope, nació en 1881 en la ciudad aristocrática de Simbirk, donde 11 años antes había nacido Aleksandr Uliánov (Lenin). En 1904 se graduó en Derecho por la Universidad de San Petersburgo.
El 22 de enero de 1905 unos 200.000 trabajadores se reunieron, portando iconos y retratos del zar, ante el Palacio de Invierno de San Petersburgo en demanda de un salario más alto y mejores condiciones laborales. En ausencia del zar, su tío el gran duque Vladimir Aleksándrovich ordenó abrir fuego contra la multitud, estimándose que murieron unos 200 manifestantes y 800 quedaron heridos, entre ellos mujeres y niños. Esta matanza provocó que Kérenski se uniese al movimiento socialista revolucionario Narodniki comenzando a participar en actividades revolucionarias, siendo arrestado por las autoridades. Su estancia en prisión formó sus ideas políticas, imbuidas de populismo y nacionalismo y de la necesidad de la cooperación de toda la nación para lograr el fin del gobierno autocrático. Aunque afiliado al clandestino Partido Revolucionario Socialista, públicamente se declaraba miembro del partido legal Toil de tendencia liberal moderada. Desarrolló una brillante carrera como abogado, utilizando sus excepcionales dotes para la oratoria en casos que pusiesen en evidencia a las autoridades. En 1912 fue elegido miembro de la Duma como representante del grupo laborista moderado Trudoviki. Durante los años siguientes consolidó su carrera política llegando a ser el líder de la oposición zarista al régimen de Nicolás II.
A diferencia de los socialistas radicales, Aleksandr Kérenski apoyó la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, pronto quedó decepcionado por la política bélica seguida por el régimen zarista y en 1916, convencido de la inminencia de la revolución, redobló sus ataques contra el zar y la familia real, al tiempo que animaba a la Duma a encabezar la lucha contra la autocracia manteniendo contactos con organizaciones obreras y con la guarnición capitalina.
Al estallar la revolución en febrero de 1917, Kérenski fue uno de sus líderes más destacados, siendo elegido vicepresidente del Sóviet (o Consejo) de Petrogrado. Durante los primeros momentos de la revolución, Kérenski fue extremadamente popular. Junto con Nikolái Chkheidze fue el único representante de los partidos socialistas incluido en el Comité Provisional de la Duma Estatal, constituido el 27 de febrero. Ese mismo día Kérenski dirigió a las tropas sublevadas hacia la Duma para tratar de involucrar a ésta en el alzamiento. Y allí ordenó el arresto de los ministros del Gobierno. Fue nombrado subsecretario del Sóviet de Obreros y Soldados de Petrogrado y a la vez ministro de justicia del gobierno provisional, nombrado por la Duma el 2 de marzo, y presidido por el príncipe Lvoff. Como ministro de Justicia promulgó los derechos civiles básicos (libertad de expresión, de asociación, de prensa, de reunión, de religión, sufragio universal e igualdad de derechos para las mujeres) y alcanzó una enorme popularidad en los medios revolucionarios.
En mayo de 1917, tras una serie de tumultos contra las medidas bélicas adoptadas por el gobierno que provocaron la caída de varios ministros, Kérenski participó en la abdicación del zar y en la creación de un nuevo Gobierno en el que se le adjudicaron las carteras de guerra y de marina, a pesar de la oposición de los kadetes (liberales), que se oponían por principio a que un socialista ocupase el ministerio encargado de las fuerzas armadas. En junio de 1917 lanzó la llamada Ofensiva Kérenski para frenar el avance del ejército alemán y recorrió el frente arengando a las desmoralizadas tropas para que defendieran ante el invasor la patria y la revolución. Sin embargo, la caía del zarismo había deshecho la estructura jerárquica del ejército ruso, muchos oficiales se negaban a admitir la autoridad del gobierno republicano y los soldados desertaban en masa. La disciplina se hundió por completo y la ofensiva resultó un rotundo fracaso, origen de la futura perdición de Kérenski.
Con su habilidad oratoria, Kérenski se propuso recuperar la disciplina de las unidades del Ejército y lo logró parcial y pasajeramente durante la primavera. Realizó una larga visita al frente para animar a las tropas y prepararlas para la próxima ofensiva. Su esfuerzos recibieron el respaldo de la mayoría de los partidos políticos, a excepción de los de extrema izquierda.

Debido a su amplio apoyo popular y a su influencia sobre el Sóviet de Petrogrado, Aleksandr Kérenski, aparentemente capaz de controlar las fuerzas populares desatadas por la revolución, se convirtió pronto en la principal figura de los gabinetes de coalición. Fue entonces llamado a suceder a Lvoff en la jefatura del gobierno. Una de sus primeras medidas fue la supresión del Partido Bolchevique, al que se acusaba de causar los disturbios de julio, a pesar de que el propio Lenin había desautorizado la insurrección por considerarla prematura. Lenin consiguió huir a Finlandia, pero otros dirigentes bolcheviques, como Trotski o Stalin, fueron detenidos y encarcelados.
Los socialistas radicales exigieron la adopción de medidas económicas y sociales que Kérenski rechazó por inviables, lo que provocó la pérdida de confianza del ala izquierda de la Duma. Kérenski no consiguió frenar el deterioro de la situación política y social, y los bolcheviques aprovecharon la situación para atacar el prestigio del gobierno provisional y asumir el control de los sóviets de obreros, soldados y campesinos que surgían en toda Rusia, hasta convertirse en un poder paralelo que escapaba al control del gobierno. El partido monárquico y los diversos grupos tradicionalistas y liberales reclamaban una represión inmediata del movimiento revolucionario. En septiembre, el comandante en jefe del ejército general Kornílov dirigió una marcha de la caballería contra el gobierno, en un intento de proclamar una dictadura militar con el apoyo de los liberales.
Cuando Kérenski fue consciente de que el plan podía incluir su apartamiento del poder, decidió destituir al general y culparle de tratar de dar un golpe de Estado que habría frustrado la correcta evolución democrática del país. La derecha, que había aceptado a Kérenski a regañadientes apoyaba ahora al general y la izquierda tampoco daba a Kérenski un respaldo decidido. Tras la dimisión de los ministros, Kérenski se proclamaría a sí mismo comandante en jefe supremo. El fracaso del golpe desacreditó a los políticos moderados y supuso un resurgimiento de los radicales.
Aislado, Aleksandr Kérenski fue incapaz de tomar medidas eficaces contra el intento golpista, que finalmente fue sofocado gracias a la intervención de los bolcheviques, quienes acusaron a Kérenski de complicidad con la rebelión militar. Aleksandr Kérenski mantuvo, sin embargo, la jefatura del gobierno, aunque carecía casi por completo de autoridad política efectiva pues también los liberales le retiraron su apoyo.
Durante el golpe de Kornílov, Kérenski había repartido armas entre los trabajadores de Petrogrado, que se pasaron en octubre al bando bolchevique, el cual se hizo con el control del Sóviet de Petrogrado y de la mayoría de los sóviets del país, que hasta entonces habían constituido el principal respaldo del gobierno socialista moderado. Incapaz de esperar la formación de una Asamblea Constituyente que estabilizara la situación, Kérenski convocó un Parlamento provisional con representación de los principales partidos y sindicatos.
Sin embargo, Lenin lo boicoteó, convocando en su lugar un Congreso de los Sóviets de toda Rusia bajo el lema "todo el poder para los soviets". En la noche del 25 al 26 de octubre, los bolcheviques tomaron por la fuerza el poder en Petrogrado, en lo que sería conocido como la Segunda Revolución o Revolución de Octubre, proclamando la revolución comunista. Un navío de guerra apuntó sus cañones hacia el Palacio de Invierno, donde se hallaba reunido el gabinete. El Congreso de los Sóviets declaró depuesto al gobierno de Aleksandr Kérenski y nombró en su lugar un Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por el propio Lenin.
Kérenski consiguió escapar al frente, donde trató, sin ningún éxito, de reorganizar algunas tropas para hacer frente al golpe de Estado. Permaneció escondido hasta mayo de 1918, cuando consiguió escapar a Europa occidental.
Vivió exiliado en París, donde organizó diversos grupos de emigrados y dirigió publicaciones antibolcheviques, como el diario Dni. En 1940, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Estados Unidos, donde se dedicó a impartir conferencias en diversas universidades sobre temas de sociología y política rusa. Cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kérenski ofreció su ayuda a Stalin, que no le envió respuesta alguna. En su lugar, efectuó transmisiones radiofónicas en ruso apoyando el esfuerzo bélico. Tras la guerra organizó un grupo llamado la Unión para la Liberación de Rusia, sin obtener mucha repercusión. Kérenski se instalaría finalmente en Nueva York, aunque pasaría mucho tiempo en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford en California, donde amplió su vasto archivo de historia rusa e impartió clases. Escribió y emitió por radio en abundancia sobre política e historia rusa. Entre sus obras de análisis político e histórico destacan Preludio al bolchevismo: la revuelta de Kornilov (1919), La catástrofe (1927), La crucifixión de la libertad (1934) y Rusia y el giro decisivo en la Historia (1965). En 1966 fueron publicadas sus Memorias.

Aleksandr Kérenski falleció en Nueva York en 1970 a la edad de 89 años. La Iglesia Ortodoxa local de Nueva York rechazó cubrir el entierro de Kérenski, considerándolo uno de los principales responsables de la caída de Rusia frente al comunismo. El cuerpo de Kérenski fue entonces trasladado a Londres donde sería enterrado en un cementerio aconfesional.
MAG/04.06.2015


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