domingo, 18 de enero de 2015

Aleksandr Nevsky, guerrero, diplomático y santo




San Aleksandr Nevsky (Алекса́ндр Не́вский) nació en Pereslavl-Zalessky el 30 de mayo de 1220, hijo del Gran Príncipe de Novgorod y Vladimir, Yaroslav Vsevolodovich. Vivió en los tiempos más azarosos de la historia de su pueblo y, gracias a su habilidad en las negociaciones con los mongoles de la Horda de Oro y sus victorias contra suecos y teutones, es considerado como el héroe medieval ruso. 

Aleksandr apenas contaba tres años cuando su padre fue elegido príncipe de Novgorod, donde las disputas eran constantes entre los ricos comerciantes y los gremios de artesanos, entre los nobles y el príncipe. Cuando su padre, en 1236, se convirtió por derecho de sucesión en gran príncipe de la Rus de Kiev, a Aleksandr se le asignó el feudo de Novgorod.

Al año siguiente se produjo la gran invasión de los mongoles en Rusia y fue sólo por un milagro que las hordas bárbaras se detuvieran ante las murallas de Novgorod en marzo de 1238, regresando a las estepas. 

Con el fin de obtener la posesión de los territorios de Rusia, que no habían caído bajo el dominio de los tártaros y cortar así la única salida de Novgorod al mar Báltico, el rey Erik de Suecia reunió un gran ejército y lo puso bajo el mando de su yerno Birger. El rey sueco se consideraba amparado por una bula del Papa Gregorio IX, dirigida en 1237 al obispo de Upsala, convocando a los suecos a una cruzada contra los finlandeses que habían abandonado su fe católica bajo la influencia de sus vecinos (los rusos).

Pelguse, el cacique de una tribu local, converso al cristianismo ortodoxo, advirtió a Aleksandr del desembarco de los suecos en las orillas del río Neva, a donde se dirigieron las tropas de Aleksandr a través de tierras pantanosas. Cuando alcanzaron unas horas antes de amanecer las orillas del Neva, éste aún estaba envuelto en niebla, en medio de la cual pudieron ver un barco ascendiendo lentamente por el río, y a bordo los santos príncipes mártires Boris y Gleb, que con sus remeros celestes,  venían en ayuda de su “hermano Alexander”.

La batalla tuvo lugar a la salida del sol y cogió a los suecos desprevenidos pues estaban convencidos de que las fuerzas de Novgorod, diezmadas por los mongoles, no estarían en condiciones de ofrecerles resistencia. Birger se instaló en una tienda bordada de oro al igual que muchos de sus caballeros, pero el grueso de las tropas no había desembarcado todavía. Los rusos llevaron a cabo sus ataques con rapidez. Aleksandr en persona hirió a Birger con un golpe de lanza, mientras sus guerreros cortaban las amarras que unían los barcos a la orilla del río. El pánico se apoderó de los suecos y la batalla terminó con su huida en total desbandada. A partir de esta primera victoria sobre los suecos, alcanzada en 1240 en el río Neva, Aleksandr ha pasado a la Historia como Nevsky (el del Neva).



El 5 de abril de 1242 Aleksandr infligió en el lago Chudskoye una aplastante derrota a los caballeros de la orden teutónica, que actuaban en concierto con los suecos. Los teutones, con corazas de acero, avanzaron en cuña mientras los rusos se retiraban hacia el lago helado, atacando al enemigo en dos flancos,  derribando a cientos de caballeros y poniendo en fuga a los otros. 

Todavía las fronteras occidentales de Novgorod sufrían hostigamientos de los lituanos, que practicaban una especie de guerra de guerrillas. Aleksandr destruyó, uno tras otro, siete de los destacamentos lituanos, utilizando, en una guerra defensiva, sus tácticas de ataque relámpago. A partir de 1245, Lituania dejó de molestar a sus vecinos.

Pero después de 1246, nuevas empresas habían ocupado su atención. El segundo período de su vida estaba empezando; a partir de ahora sus ojos se volvieron hacia el este.

Su padre, el gran príncipe Yaroslav, acababa de morir en su camino de regreso de un viaje a Karakorum , donde había sido convocado por el Gran Khan y presumiblemente envenenado, según la afirmación de los cronistas rusos. La cuestión de la sucesión no podría ser resuelta al margen de los dirigentes tártaros, que convocaron a Aleksandr, junto con su hermano Andrés, a comparecer ante los señores asiáticos.

Aleksandr se enfrentaba ahora a un gran dilema. ¿Iba el conquistador de los suecos y los teutones, el héroe del río Neva y del lago Chudskoye a adoptar la actitud de un humilde vasallo, reconociendo la pérdida de la independencia rusa, así como ultrajar la muerte bajo tortura sufrida por algunos de sus compañeros?. Aleksander decidió que el catolicismo era una afrenta mayor a la identidad cultural rusa que pagar tributos al Khan, que no tenía interés en la religión y culturas rusas. El metropolita Kiril dio su visto bueno a la decisión de postrarse ante el Khan, con la condición de que no adorara a los ídolos ni negara su fe en Cristo.

De hecho la colaboración temporal con los tártaros fue una necesidad histórica, puesto que, frente a la actitud hostil de los países vecinos, Aleksandr no podía contar con ninguna ayuda del exterior y el número de sus propios guerreros, suficiente para enfrentarse a enemigos tan valientes como los suecos o los teutones, era insignificante cuando se enfrentaban a los hordas de los nómadas que lo arrasaban todo a su paso a medida que avanzaban con decenas de miles de personas.

Los mongoles, impresionados por la conducta de un hombre cuya reputación les había llegado de antemano, le concedieron los honores debidos a su rango y le evitaron el sufrimiento del fuego y la adoración de los ídolos. Sin embargo, le obligaron a llevar a cabo un viaje interminable por el Karakorum hacia los desiertos de Asia y sólo le permitieron regresar a su tierra nativa tras tres años de ausencia.

Muerto su hermano mayor y desaparecido su segundo hermano, Andrés, Aleksandr se convirtió en el gran príncipe de Rusia. Su preocupación se centraba ahora en evitar más invasiones, inspirándole al Gran Khan gran confianza y sirviendo como intermediario entre él y el pueblo ruso. Esta misión no resultó fácil a causa de nuevos ataques de Suecia, contra la cual, en 1258, Aleksandr se vio obligado a emprender una nueva campaña, que al igual que la primera resultó victoriosa para sus tropas. 

Aleksandr concertó un matrimonio entre su hijo Vasily y Cristina, hija del rey de Noruega con la esperanza de contrarrestar así el poder de los suecos. Sin embargo el compromiso se rompió debido a las alianzas castellanas y noruegas dentro del Sacro Imperio Romano Germánico y el 31 de marzo de 1258 se celebró en la Colegiata de Santa María de Valladolid el matrimonio de la princesa Cristina de Noruega con el aspirante al Sacro Imperio Romano Germánico, el infante Felipe de Castilla, hermano del rey Alfonso X de Castilla, el Sabio.

En 1259 se desencadenaron una serie de disturbios de Novgorod que los tártaros pretendían sofocar con un ejemplar derramamiento de sangre, que Aleksander pudo evitar presentándose  a la cabeza de un destacamento armado y repartiendo regalos entre los tártaros.

Más tarde Aleksandr se estableció en Vladimir, repoblando las aldeas desiertas, reconstruyendo iglesias y monasterios y reabriendo los tribunales de justicia. 

Las exacciones de los tártaros provocaron de nuevo un alzamiento popular y Aleksandr emprendió su cuarto viaje al cuartel general de los tártaros con el fin de protegerse de una expedición punitiva. Durante todo un año se hizo lo posible para pacificar al Gran Khan y a sus secuaces, e incluso logró disuadir a los tártaros de su plan para alzar a las tropas rusas en una guerra contra Persia. Pero llegó al límite de sus fuerzas. En el viaje de regreso de Sarai, la capital de la Horda de Oro, a través de caminos dificultosos por la lluvia de otoño, murió en un monasterio en noviembre de 1263. Antes de su último aliento renunció a su rango y a la gloria de este mundo con el fin de revestir el hábito de monje.

“El sol se ha puesto sobre la ciudad de Suzdal”, exclamó el metropolita Kiril al anunciar la muerte de su líder, consternando así al pueblo. El funeral de Aleksandr tuvo lugar con una gran solemnidad. Posteriormente se produjeron numerosos milagros en su tumba. Fue canonizado localmente en 1380, y por toda la Iglesia Rusa, en el concilio de 1547. Cinco siglos después de su muerte, tras la victoria de su guerra contra Suecia, Pedro el Grande hizo que las reliquias de San Aleksandr Nevsky se trasladaran a la nueva capital, San Petersburgo, donde se encuentran hoy en la Laura que lleva su santo nombre.

Es a San Aleksandr Nevsky a quienes los rusos están acostumbrados a ofrecer sus oraciones en momentos en que sobrevienen grandes desgracias sobre la nación y se amenaza su existencia. Aleksandr es venerado como un santo sin haber sido un ermitaño, un asceta o un mártir. “Dios ha glorificado a su justo siervo”, escribe el cronista, “porque ha trabajado mucho por la tierra de Rusia y por el cristianismo ortodoxo”.

En el mundo existen veinte catedrales dedicadas a San Aleksandr Nevsky. La mayor en Sofía (Bulgaria). 

La zarina Catalina I instituyó la Orden de San Aleksandr Nevsky como una de las más altas condecoraciones del Imperio ruso y por su parte las autoridades soviéticas crearon en 1942 la Orden de Aleksandr Nevsky rememorando sus victorias contra los alemanes. En 1938 los soviets encargaron al realizador Sergei Eisenstein la producción de un film épico, con música de Prokofiev, sobre la vida de Aleksandr Nevsky, con este título.



Las victorias militares de Aleksander Nevsky en Occidente y su diplomacia en Oriente mantuvieron a Rusia libre de la dominación extranjera.




MAG/19.01.2015

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